viernes, 23 de junio de 2017

reflexiones sobre un bebé al que siempre revientan

todavía no sé explicar muy bien cuándo, cómo o dónde sucedió.
sucedió que te conocí fumando, llegando tarde a los sitios por culpa de esa otra María que ocupa tu vida y te está matando de tiempo y me está matando de celos, de tristeza, de miedo.
sucedió que escuché las historias que contabas mientras te los liabas atraída por alguna fuerza extraña (podríamos llamarlo amor)
pues normalmente yo habría echado a correr lo más lejos posible.
para mí no existe el mundo que decides vivir, para mí, que soy toda normas, no pueden existir las personas libres como tú.
y tú tampoco puedes entender la razón de la existencia de las personas como yo.
no se por qué seguí el ritmo de los acordes de esa maldita guitarra, igual que tampoco sé por qué mi voz se unía a la tuya o veinticuatro horas después mi espalda quería romper la distancia que nos separaba en ese paseo nocturno.
sigo buscando el pretexto por el que analicé la situación, llegando a la conclusión de que te quería pero sólo como amigos, y lo que es aún peor, sigo buscando los motivos por los que otras veinticuatro horas más tarde mis labios callaban los tuyos.
pero entre todas estas dudas hay algo que siento en claro: tus ojos, mejor verdes que rojos, mejor mirándome directamente, buscando en la vereda que conduce a mi alma; tus labios, mejor bebiendo de mi cariño, mejor trazando mi cuerpo, mejor que me hagan hablar a mí que a otros, mejor si grito, mejor si callo; tus manos, que sólo me líen a mí, recorriendo mis mapas, buscando mis puntos cardinales, conservando los que ya posees, tratándome como guitarra, regalando placer y ternura.
y tu cuerpo, que no conozca el significado de las palabras kilómetros, hectómetros, decámetros, metros, decímetros, centímetros, milímetros, frío.
que sólo entienda de noches con sueños, así, en plural.
y todavía no entiendo por qué busco esto, por qué arriesgo una vez más mi vida, sabiendo que fue perdida, cualquier batalla anterior.
y creo, que soy como un bebé inocente, que aunque se dé de frente con el mismo problema siempre vuelve, porque dolor o felicidad son sólo palabras que todavía no sabe pronunciar.
y creo que mi bebé nunca va a hacerse mayor, y que voy a chocar siempre contigo de frente.
pero no creo que esto sea malo,
si tu frente sobre mi frente se ponen de acuerdo,
y tu corazón y mi corazón van seguidos del mismo adjetivo:
enamorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario