era noche cerrada, me habías pedido mil y una veces que me fuera a casa.
creo que todavía no has entendido que mi hogar eres tú.
y yo, yo te hacía callar con un beso, intentando acabar con el tiempo
para que nunca llegue la hora en la que tenga que marcharme o,
mucho peor, seas tú el que se va.
y tú, tú permanecías ahí conmigo, en un abrazo continuo y desesperado que grita que nos sobra el amor pero no somos capaces de demostrarlo.
los dos sabemos que somos nuestra mayor debilidad.
y yo, yo todavía no he encontrado una sensación mejor que tus manos, más frías que la noche, acariciando mi espalda.
y no la voy a encontrar porque no voy a seguir buscando.
yo me quedo contigo, rezando para que nuestro tiempo no se acabe nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario